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Egyptian Tourist Authority


La capital egipcia se extiende a ambas orillas del Nilo. Gizeh, en la orilla oeste, y El Cairo, propiamente dicho, en la orilla este, se confunden en la misma megalópolis. Insaciable, la mayor ciudad del continente africano araña cada día un poco más las arenas del desierto y las tierras agrícolas. De tal manera que nadie sabe cuántos son los cairotas, si 10, 15 o 20 millones.


El Cairo
El Cairo ya sorprendía a los viajeros en tiempos de los mamelucos. Hoy día, se espantan de los embotellamientos sin fin, del polvo omnipresente, del ininterrumpido concierto de cláxones, del urbanismo deshilachado y de las masas que se apresuran hasta por las calzadas. Los barrios más pobres bordean los más ricos; mendigos, hombres de negocios, Mercedes último modelo y carretas bamboleantes se mezclan. Pero El Cairo, insumergible, inalterable, sigue siendo para los egipcios la Victoriosa, la Madre del mundo o, simplemente, Misr, del nombre entero de Egipto. Por poco que se decida a perderse, también el viajero extranjero descubrirá la suavidad de sus noches, iluminadas por los neones verdes de las mezquitas, el calor de sus pequeños cafés populares, el placer de deambular por las callejuelas y el humor sonriente de los cairotas. Después del primer impacto, también usted acabará por afirmar, al igual que sus habitantes: «¡Y sin embargo, gira!»


El centro urbano
En la orilla oriental del Nilo, entre las plazas Tahrir, Ataba y la estación de Ramsés se extiende la ciudad moderna, actual centro de la ciudad. Europeizado desde la mitad del siglo XIX, este barrio fue construido según el modelo haussmaniano: las calles son anchas y se cruzan en ángulo recto, los edificios rococó con molduras de estuco representaban, en la época, el colmo de la modernidad. Aquí descubrirá también algunas joyas de arquitectura de la Belle Époque.


En las calles Talaat Harb, Qasr el-Nil y la avenida del 26 de julio, inmensos carteles pintados anuncian las películas que ponen en los cines. El jueves por la noche, los cairotas se apresuran por las aceras de esa lujosa zona de tiendas. Telas, ropa, zapatos, pero también grandes almacenes cooperativos (el famoso Omar Effendi, la Samaritaine egyptienne), excelentes pastelerías, locales de comida rápida de moda y salas de danza del vientre. En este lugar se cruzan los turistas de los países árabes, los campesinos del Alto Egipto y los estudiantes de la Universidad Americana.Si deja atrás los grandes ejes, descubrirá, en callejones sorprendentes, pequeños restaurantes y cafés populares, donde hombres en traje y corbata van a fumar su narguile, mientras degustan un té muy azucarado lejos de la agitación.En el corazón del centro urbano, la plaza Tahrir (plaza de la Liberación) resume por sí sola la ciudad, con sus deslumbrantes luces de neón, obras permanentes, embotellamientos desmesurados y su urbanismo bastante falto de coherencia. Un edificio de arquitectura oriental alberga la Universidad Americana.


El metro, la cuarta pirámide
Inaugurada en 1987 en presencia de Jacques Chirac, por entonces Primer Ministro de Francia, la primera línea de Metro (42,5 km. de largo, 33 estaciones) dio mucho trabajo a los ingenieros franceses que la concibieron y realizaron. Pero el resultado está ahí: más de un millón de viajeros cada día entre El-Marg, al norte, y Helwan, al sur, y un equipo que funciona a la perfección. El primer tramo de la segunda línea, que enlaza las dos orillas, fue inaugurada en 1996. Fue prolongada hasta Gizeh en el 2000, totalizando así 19 km de largo y 18 estaciones.


La cuna de la danza oriental
En el corazón de la noche cairota, la bailarina hace que se muevan todas sus lentejuelas. Lo que los occidentales llaman «la danza del vientre» es aquí una institución. Tiene sus maestras que reciben alumnas del mundo entero, sus estrellas, que los hoteles de lujo y los productores de cine se disputan, y también sus modistos, y sus músicos, y su avenida, la de las pirámides, donde se suceden los cabarets… y también sus tugurios. Entre las grandes bailarinas: Fifi Abdu, Lucy o Diana.


Los barrios islámicos
El Cairo, la «ciudad de los mil minaretes», no posee para los musulmanes el carácter sagrado de La Meca, de Medina o de Jerusalén. Pero sus calles y callejuelas ocultan los tesoros del arte islámico, a menudo deteriorados aunque resplandecientes a los ojos del que sabe buscarlos y admirarlos. Para acceder a los monumentos islámicos hay que pagar una entrada. Es imprescindible vestirse de forma adecuada: ni pantalones cortos, ni camiseta sin mangas. Se aconseja llevar un fular para algunas mezquitas.


De Bab el-Futuh a la Ciudadela
En los barrios del viejo Cairo islámico encontrará mezquitas, palacios, caravasares y escuelas coránicas, lamentablemente sufren de los achaques del tiempo. Pero de esos barrios populares, en definitiva poco turísticos, emerge la vida del pueblo llano de El Cairo: pequeños oficios, vendedores ambulantes y artesanos.Las dos puertas monumentales Bab el-Futuh (puerta de las Conquistas) y Bab el-Nasr (puerta de las Victorias) marcan el límite norte de El Cairo fatimí. Entre las dos, el vestigio del recinto fortificado, que rodeaba la ciudad dando una impresión de invulnerabilidad. Al lado de la puerta de las Victorias se erige la mezquita el-Hakim, construida a principios del año mil. Frecuentada esencialmente por una secta chiíta india, fue restaurada con mucho hormigón y mármol en 1980, y ha perdido bastante de su sobria belleza.


Ante la mezquita comienza la calle Muizz el-Din Allah, bordeada de magníficos monumentos islámicos. En una de las primeras callejuelas a la izquierda (calle Dahab), la Beit el-Suhaymi, antigua residencia de un cheij de al-Azhar del siglo XVII, es una muestra del esplendor de las casas de los notables, de la época mameluca. Seguidamente, la calle Muizz el-Din Allah le llevará a la mezquita el-Aqmar (1125) y a la madrasa del sultán Barkuk (siglo XIV). A la derecha, el mausoleo de Qalaun, edificado entre 1248 y 1293, comprendía una mezquita madrasa (escuela), un hospital y una tumba cuyo silencio tranquilizador parece, aún en la actualidad, magnificado por los vitrales de las ventanas.


Misr el-Qadima, el barrio copto
Situado en la orilla oriental del Nilo (orilla derecha), frente al extremo sur de la isla de Roda, es el hogar más antiguo del pueblo de esta orilla, aún hoy habitado por coptos. Puede ir en Metro (dirección Helwan, estación Mari Girgis) o en embarcación fluvial (salida frente al edificio de la televisión, al norte de la plaza Tahrir).Al bajar las pocas escaleras que llevan a Misr el-Qadima y al franquear las murallas que la rodean, las de la Babilonia romana, entrará en otro mundo de silencio y recogimiento. Las callejuelas conducen al convento de San Jorge, a las iglesias de San Sergio y de Santa Bárbara y, cerca del cementerio cristiano, a la sinagoga Ben Ezra, recientemente restaurada gracias a la obstinación de la comunidad judía.Las iglesias –salvo la iglesia Suspendida– apenas se distinguen de las casas de alrededor: las mismas piedras, la misma arquitectura, sin signo religioso externo.


Los gritos de los vendedores ambulantes
Quizá no los comprenda pero encierran toda la poesía y humor del pueblo egipcio. Aquí tiene algunos ejemplos. Para alabar la dulzura de las uvas: «¡Oh! ¡Dormida en la parra mientras te besan las abejas!»; «Caña de 7 metros; ¡oh caña!», grita el vendedor de caña de azúcar exagerando mucho (la caña de azúcar no supera los 5 metros de longitud). «Cuando se acaben las del caldero, ¿encontrará más?», pregunta con sensatez el vendedor de ful, deseoso de deshacerse lo más rápido posible del contenido de su marmita.


El jan el-Jalili
Es el dominio de comerciantes y turistas. En sus callejuelas estrechas se venden y compran joyas, objetos de cobre, cajas de marquetería, imitaciones faraónicas, piedras semipreciosas, alfombras, vajillas de cristal soplado y otros recuerdos. Las tiendas se reagrupan aún por corporación. Para callejear, regatear o perderse; también para degustar un té o una karkade en el café Fichawi, lugar ineludible del jan. No hace muchos años, el propio Naguib Mahfuz todavía venía a descansar bajo uno de los grandes espejos de la sala que el paso del tiempo ha vuelto amarilla.


La Ciudad de los Muertos
Al pie del acantilado del Moqattam se extienden kilómetros cuadrados de la Ciudad de los Muertos, sin duda una de las mayores necrópolis del mundo. Encontramos tumbas de gentes sencillas, simples catafalcos de piedra, y grandiosos mausoleos donde reposan los emires y sultanes, algunos de ellos desde el siglo XV. Los vivos se alojan en pequeñas casas de dos o tres habitaciones, construidas durante el siglo XIX para velar a los muertos, según un ritual que se remonta a los faraones. Cuando vivir en El Cairo se ha convertido en una apuesta, los más pobres se han precipitado a estas ciudades, que poseían la gran ventaja de ofrecer espacio y calma. Finalmente, los habitantes de la Ciudad de los muertos viven mejor que los de los barrios superpoblados de Imbaba o de Chubra.Los aficionados a la arquitectura mameluca irán a visitar, en la zona norte de la necrópolis (el-Jalifa), los dos mausoleos de Qaitbay y de Barkuk.


Las islas: Gezira y Roda
Verde y al abrigo del bullicio de la capital, la isla de Gezira, en medio del Nilo, alberga el barrio residencial de Zamalek, clubes deportivos, la nueva Ópera y la torre de El Cairo, que domina la ciudad desde lo alto de sus 185 metros. Sede de numerosas embajadas, elegida por su tranquilidad por muchos residentes extranjeros, Zamalek parece vivir a su propio ritmo. El visitante cansado de los embotellamientos y gentío de los barrios populares puede vagar tranquilamente por calles umbrías, bordeadas de grandes casas de anticuado encanto.En la isla de Roda se halla el Palacio Manyal, antigua residencia del hijo del jedive Tewfiq, Mohamed Ali, hoy día transformado en museo (abierto de 9 a 16 h. Entrada de pago). Situada al borde del Nilo, protegida por una muralla que imita las fortificaciones, la antigua residencia real está rodeada de un magnífico jardín de exuberante vegetación.


La orilla occidental
Distinta administrativamente de la orilla oriental –cuando se cruza el Nilo, se abandona El Cairo y se penetra en el municipio de Gizeh–, la orilla oeste del Nilo lo es también en su población y aspecto. Aquí se extienden kilómetros de edificios modernos sin alma y grandes avenidas rectas. Hay parques plantados de grandes eucaliptos, pequeñas plazas de pueblo, bellas casas restauradas, que recuerdan al visitante que una cierta burguesía construía aquí sus residencias, en pleno campo, y de ello sólo hace algunos decenios.
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El lugar en el que se libró la feroz batalla entre los ejércitos alemán e inglés en octubre de 1942, alberga hoy en día un puerto deportivo de alto nivel, con sus anillos y numerosos canales de estilo veneciano que reciben a egipcios y turistas junto a sus aguas color turquesa. Sin embargo, la historia no ha pasado al olvido, gracias a un museo y a los memoriales en honor de los casi 80 000 muertos de la guerra.

Marina
A través de sus 11 km. de playa, Marina es un complejo exclusivo reservado a la elite, donde las villas y los chalés se esconden entre la vegetación exuberante. Los hoteles-resorts proponen una gran variedad de deportes náuticos, de animaciones y de tipos de comida. Porto Marina fue inaugurado en verano del 2005. Sus canales y sus comercios de lujo han hecho de Marina uno de los lugares de veraneo más preciados de Oriente Próximo.Las excavaciones recientes realizadas al borde del mar han permitido descubrir una antigua villa romana y un cementerio helénico.

Batalla de 1942
En octubre de 1942, la guerra del desierto vivió una de sus batallas más célebres y sangrientas. Alrededor de El Alamein, las tropas británicas de Montgomery, superiores en número y equipamiento, derrotaron a los Afrika Korps de Rommel. En aquella batalla estaba en juego el control de la ruta que llevaba a Alejandría.

Memoriales y cementerios
Los combatientes de esta batalla son recordados en diferentes lugares. El cementerio alemán, construido en el estilo de una fortaleza medieval, alberga los restos de 4 200 soldados. El cementerio italiano, por su parte, es un mausoleo constituido por una serie de galerías. El cementerio del Commonwealth, son sus tumbas alineadas, rinde homenaje a todos los militares aliados de los británicos (griegos, australianos, sudafricanos).

Museo militar
El modesto edificio presenta los documentos relacionados con la batalla de El Alamein y las batallas del norte de África.

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Más allá de El Cairo, se expande el delta, como una vasta corola surcada de canales y de brazos del Nilo. La llanura fértil, con toneladas de aluviones depositados por el río, se cultiva con tanto esmero que parece un inmenso jardín hortícola. Algodón, arroz, frutas, verduras y flores constituyen la riqueza de esta región. En el límite del desierto se desarrollan los extensos cultivos de tierras robadas a la arena.Las capitales antiguas, Sais y Tanis han desaparecido en cuerpo y alma, dejando en su lugar aldeas y ciudades coronadas de mezquitas, y animadas día y noche.
Aquí se erigía, en los tiempos gloriosos de los faraones, un pequeño pueblo de pescadores, Rakotis. Cuando Alejandro Magno desembarcó en Egipto, quiso hacer de ésta su capital y marcar la costa egipcia con su indeleble huella. Así nació Alejandría, cuyo faro, el primero que se construyó en el mundo, ya hace varios siglos que ilumina el Mediterráneo. Capital de las artes y las letras, ciudad favorita de reyes y reinas, sabios y eruditos, albergó en su seno una de las pasiones amorosas más famosas de todos los tiempos: la de Cleopatra y Marco Antonio.Después de la conquista árabe, y mientras perdía su carácter de capital en favor de El Cairo, Alejandría guardó su especificidad de ciudad más abierta al Mediterráneo que a Egipto. Llena de comunidades como la griega, judía o armenia, y favorita de los extranjeros, parece poner mala cara al interior del país.Aunque hoy en día quedan pocos descendientes de aquellas comunidades, la ciudad conserva de aquel período de su historia un ambiente particular.El paseo por la cornisa es ineludible. Sin duda, los nostálgicos de la ciudad cosmopolita descrita por Lawrence Durrell se decepcionarán. Desaparecida ya la elegancia que camina, sombrilla en mano y desvanecidos los bellos automóviles extranjeros. Los edificios que la bordean, a pesar de su encanto anticuado, resisten mal el aire del mar que los corroe. No olvide que Alejandría es el lugar de veraneo preferido de los cairotas.A lo largo del arco de la cornisa, se pasean familias o enamorados, mientras que saborean un helado. Se pueden admirar las cestas de pescado y de crustáceos recién extraídos del mar, y contemplar a los viejos, zurcir las redes mientras sueñan con Marsella, «ahí donde los peces salen solos del agua». En resumen, se puede disfrutar de la vida.
Los cafés de Alejandría
Salas inmensas con pinturas antiguas y grandes espejos diseminados, amplias terrazas frente al mar, los cafés de Alejandría son clásicos del género, casi la marca de fábrica de la ciudad mediterránea. Los viejos alejandrinos, los que le asegurarán ser los «verdaderos», puesto que su familia está instalada ahí desde Alejandro Magno (como mínimo), pasan horas, cigarrillo en la comisura de los labios, mirando el mar, indiferentes al barullo. Cuando el viento es demasiado fuerte, se meten en el interior y se enfrascan en interminables partidas de dominó, o se sumergen durante horas en la lectura del periódico. Mientras tanto, sus mujeres van a degustar pasteles de crema y té en las pastelerías de la plaza Saad Zaglul. Como para creer que los ingleses nunca abandonaron Alejandría…
El fuerte de Qaitbay
En el extremo norte de la bahía del este se erigen las murallas almenadas de esta fortaleza mameluca, construida en 1480 en el lugar del faro de Alejandría, destruido como consecuencia de dos temblores de tierra, en los siglos XI y XIV. Guardián de la rada, el fuerte enjuga estoicamente, desde hace siglos, las cóleras del mar Blanco, nombre en árabe del Mediterráneo.
El palacio de Ras el-Tin
Al oeste de la fortaleza, Faruq vivió una de las páginas más importantes de la historia de Egipto contemporáneo, la firma de su abdicación con la que puso fin a la realeza. En las playas cercanas se extienden pequeños astilleros artesanales, donde los obreros construyen, con muy poca maquinaria, barcos de lujo de madera destinados a los ricos emires del golfo.
El barrio de Anfuchi
Entre el fuerte y el palacio, se hallaba antaño el barrio de los marineros, famoso especialmente por sus casas cercadas, hoy día cerradas. No obstante, al pasear por las callejuelas populares, el visitante hallará agradables cafés decorados con azulejos, y extraordinarios restaurantes de pescado donde uno mismo escoge lo que degustará.
El teatro romano (Km el Dikka)
En este espacio, situado cerca de la estación central, se ha estado excavando desde principios de los años 1960. Las sucesivas excavaciones han sacado a la luz diferentes monumentos públicos, situados en el centro del casco antiguo, como un teatro, unos baños públicos, cisternas y un barrio residencial. A la entrada del lugar se exponen unas estatuas rescatadas del mar, junto al Fuerte de Qaitbay, por el equipo de arqueólogos del francés Jean-Yves Empereur. En 2002 comenzó la construcción de un nuevo museo, dedicado a los mosaicos.
La columna de Pompeyo y las catacumbas de Kom el-Shuqafa
De 30 metros del altura construida, en granito rosa de Asuán, la columna de Pompeyo sería el regalo de la población de Alejandría al emperador Diocleciano que, ante una rebelión, renunció a destruir la ciudad y a masacrar a sus habitantes. Los vestigios hallados alrededor de la columna se exponen, en su mayoría, en el Museo Grecorromano.
En la cima de la colina se halla la entrada de las catacumbas de Kom el-Shuqafa, que datan de los siglos I y II d. C. Fueron descubiertas en el linde del siglo XX por casualidad, cuando el suelo se hundió bajo el peso de un asno. El desgraciado cayó más de diez metros. La historia no cuenta si el animal sobrevivió; en cualquier caso permitió descubrir más de 300 tumbas, dispuestas a lo largo de una red articulada alrededor de una gran rotonda.
Alejandría, la Biblioteca Alejandrina
La biblioteca de Alejandría fue inaugurada en octubre del 2002. Los arquitectos han diseñado un inmenso cilindro de vidrio y aluminio de 160 metros de largo, cortado en bisel y orientado hacia el mar. En su interior, un centenar de esbeltas columnas de hormigón con capiteles en forma de flor de loto sobre los que se sostiene la bóveda, dominan el salón de lectura de 7.000 m2. En el edificio se encuentran también una geoda que sirve como salón de conferencias, un planetario equipado con un domo Imax y un museo arqueológico. En el sótano se conservan cerca de 8.000 manuscritos antiguos y libros raros estudiados y digitalizados, lo que facilita su consultación en el salón de lectura. (El Shatby, tel.: 483 99 99)
El centro de estudios alejandrinos
Creado en 1990, su objetivo es diseñar el rostro y la topografía de la capital de los tolomeos, de Alejandro (332 a.C.) a Cleopatra (30 a.C.). El descubrimiento más mediatizado es el de los restos del faro de Alejandría. La aventura hubiera merecido quedar en el terreno de los sueños. En 1993, una gran capa de hormigón debía verterse al pie del fuerte de Qaitbay, en el extremo oeste de la rada, para consolidarla. El centro de estudios alejandrinos realizó entonces una verdadera carrera contrarreloj y sacó de las aguas del Mediterráneo un busto de mujer de granito rojo. Es la primera pieza que se salvó de las aguas. Seguirían muchas otras: miles de columnas, capiteles, fragmentos de un obelisco de la época de Seti I, 14 esfinges y estatuas colosales. En otras partes de Alejandría, el centro ha desenterrado una necrópolis y algunos magníficos mosaicos. Poco a poco, el diseño de la Ciudad de Cleopatra surge del subsuelo.
El descubrimiento del faro de Alejandría
Desde 1990, un equipo de investigadores franceses y egipcios, dirigido por el helenista Jean-Yves Empereur, excavan la ciudad de Alejandro Magno. Su descubrimiento más mediatizado –discutido por algunos– fue el de los restos del faro de Alejandría, que desde hace siglos yacía 8 metros por debajo del agua, cerca del fuerte de Qaitbay. Además de los bloques procedentes de la séptima maravilla del mundo, los arqueólogos-submarinistas descubrieron, con sorpresa, una verdadera «descarga» de antigüedades, anteriores a los tolomeos. Fragmentos de un obelisco de Seti I, 14 esfinges, estatuas. Se contaron más de 2.000 bloques que yacían sobre más de 2 hectáreas. Algunas piezas ya han sido descombradas y sacadas del agua. Pero el equipo tiene para años de trabajo.
Playas de Alejandría
Las playas de Alejandría tienen una popularidad muy bien merecida. Empezando por el bello paseo marítimo, en la propia ciudad, sus magníficas playas se extienden a lo largo de más de 140 km al este y al oeste de la ciudad. En verano, los cairotas acuden en masa a Alejandría para disfrutar de sus playas de arena fina. Para escapar de la multitud es preferible dirigirse a las playas más alejadas de la ciudad. Las playas de Montazah se encuentran al pie del Palacio del Jedive Abbas, con su impresionante arquitectura de cuento de hadas. El parque que rodea al palacio, de más de 150 hectáreas, es uno de los lugares favoritos de los alejandrinos para pasear.
Museo de Arqueología submarina de Alejandría
Este gigantesco museo anfibio, cuya apertura al público está prevista para 2012 ó 2013, sacará a la luz los importantes descubrimientos arqueológicos de la bahía de Alejandría durante los dos últimos decenios (visita virtual http://www.rougerie.com/ ).
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295 km. al oeste de Alejandría y 510 km. al noroeste de El Cairo, acceso en tren o en bus (más rápido) desde ambas ciudades. El aeropuerto se encuentra 5 km. al oeste.
Última ciudad antes de la frontera con Libia, su historia cruza la de varios personajes célebres. Alejandro Magno se habría detenido en ella durante su viaje al oasis de Siwa, y Cleopatra se habría bañado en sus aguas. El mariscal alemán Rommel, por su parte, había instalado aquí su cuartel general, desde donde condujo la batalla decisiva de El Alamein en 1942.

Las playas
:
Marsa Matruh se extiende a la orilla de una gran laguna protegida por una cornisa, que es posible recorrer en el medio de transporte local, la caretta, un carro tirado por un asno. Aquí podrá beneficiarse de las claras aguas frente a las playas del hotel Beau Site (situado sobre la cornisa), donde el baño responde a los criterios occidentales en lo que respecta al uso de bikini.
Si las playas más hermosas se encuentran en los alrededores de la ciudad, se aconseja permanecer en las zonas acondicionadas. Dado que la costa fue minada durante la segunda guerra mundial, se recomienda la prudencia. Entre las playas más destacables, se encuentra la de Agiba (28 km. al oeste), con sus cavernas naturales.
En los lindes del desierto, el lugar conocido como “el baño de Cleopatra” es una magnífica bahía de agua clara rodeada de rocas, parecida a una gran piscina cuadrada donde, según cuenta la leyenda, la reina Cleopatra venía a tomar su baño.


Zoco de Libia (el mercado de Libia):
Hace no mucho tiempo, los contrabandistas introducían en la ciudad productos provenientes de Libia sin pagar los derechos de aduana. Hoy en día, este mercado es tolerado por las autoridades. Allí es posible encontrar productos originarios de Libia, del Magreb y de Europa, así como diversos productos regionales: lana, olivas, cebada, carneros, dátiles, sandías, etc.


Fortaleza y templo de la época de Ramsés II:
Las ruinas que subsisten hoy en día evocan una época en la que aquí se erigían los muros del templo faraónico de Ramsés II. Construido al final de su campaña contra los libios en el 1200 a.C., era utilizado como plaza fuerte para defender la frontera con Libia.

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Al - Hodeida es la Cenicienta del Mar Rojo y su cautivadora novia. Es una de las ciudades más bellas del Yemen. Se trata de la más diversa y más bella entre ellas. Su naturaleza exhibe un maravilloso vestido de verdor y la belleza de todo el año.
Su vestido es exhibido perfumados con el aroma de jazmín, el tornillo redolence de pinos y el aroma de almizcle. Su clima se ve afectado por todas las condiciones y toma diferentes fenómenos a lo largo de sus zonas costeras, montañosas y desérticas área.
Al - Hodeidah Yemen es la cuarta ciudad en términos de población y se desarrolló como el principal puerto de los otomanos, cuando el comercio de café en Mukha disminuido y todavía conserva su antiguo barrio turco. Por la noche la luz de los mercados, con los hombres en virtud de la venta de frutas huracán lámparas, y en la primera hora de la mañana el mercado de pescado es un hervidero de actividad.
Rico comerciante casas opulentas familias han construido en la antigua zona de Al turco - Hodeida.
Estos edificios cuentan con yeserías interiores ricamente decoradas magníficamente tallada y balcones. Arriba, estucos decorativos en las paredes y nichos presionado con colores y espejos de vidrio pintado con scintillate pavo diseños - un tema recurrente en todo el Tihama y la indicación de las influencias de la India visto en la región como consecuencia del mar de rodadura.
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En todo el Jaul al sur de Wadi Hadramout encuentran el Golfo de Adén y sus dos principales puertos de Mukkalla histórica y Shihr.


Hans Helfritz, en la década de 1930, escribió sobre "Mukkalla, una ciudad de la blancura brillante, de extraordinaria belleza, con sus innumerables palacios y torres altas, se encuentra en una encantadora Bya cerrar bajo la oscuridad de los acantilados el Jebel Kara. Es la puerta de entrada a la provincia de Hadramout. " Hacinados entre una de las grandes Yemen volcánica las regiones de montaña y el mar, se acercaron, ya sea por la carretera de la costa de Adén o de Seiyun en el Wadi Hadramout. Esta carretera pasa a través de una sucesión de valles y ciudades interesantes y cruza el Jaul, un semi-desierto meseta.


Mukalla ha sido de gran importancia durante muchos siglos, con la ampliación de su comercio a la India y el sudeste de Asia como las muchas influencias indias muestran en su arquitectura.


Los pobladores dicen que la ciudad fue fundada en 1625 por un sultán Yafa'I, Ahmed bin Madyam al Kasadi. En 1914 tomó el relevo de Shihr, unos 50 kilometros al este, como capital de la Hadramout cuando el Qu'aitis (originalmente una tribu de la Yafa) transfirió su capital.


La arquitectura de la ciudad hace considerable uso creativo de yeso y, en general, se distingue por sus matices y Sudeste Asiático inspiración india, este último evidente en todas partes en las estrechas callejuelas donde intrínsecamente magníficas puertas talladas y las pantallas de la ventana se puede encontrar. La noche iluminada ar-Rawdha y 'Umar mezquitas son encantadoras.


El viajero Jorgen Bisch escribe en su libro Detrás del Velo de la Arabia que las puertas son tan importantes en torno a Mikalla que, en ocasiones, la puerta se erige en primer lugar, y la casa se construyó a su alrededor.)


El Palacio del Sultán, que se sienta en el borde de la playa junto a la ciudad, fue construido a fines del 1920 por el Sultán 'Umar millones Awadh sl-Qu'aiti y se inspira en la India y el nuevo estilo clásico.


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Capital de Yemen durante uno de los más brillantes períodos, Taiz hoy disfruta de una posición como un importante centro económico. Taiz se menciona por primera vez a finales de los años 12 de siglo durante el reinado de los Ayyubids - las fuerzas que había sido dirigido por el hermano de Saladino Turanshah. En ese momento, los ingresos trimestrales de la ciudad portuaria de Adén fue traído a Taiz.
Los siguientes son algunos sitios de interés turístico en Taiz vale la pena ser visitado:
La ciudad vieja de Taiz dispone de dos entradas - Bab al-Kabeer (la Gran Puerta) y Baba Musa (la Puerta de Moisés). La pared en la sección de la ciudad contiene un precioso zoco que se especializa en un tipo de Taiz delicioso queso, pescado seco y plata joyas.
Castillo de El Cairo es la gran fortificación está siendo renovado utilizando piedras de río y originales técnicas de construcción.
Mezquita de Al-Ashrafiyyah es una de las pocas mezquitas en el Yemen que los turistas se les permite entrar. Turista podrá caminar por los motivos y ver las tumbas de Al-Ashrafa, su esposa, su padre, sus hijos, y su principal guardia de seguridad, así como tomar un paso en la mezquita adecuado para admirar la decoración.
La tumba marcas significan la ubicación de las tumbas reales en las habitaciones a continuación. Hay muchos relieves bonito por dentro.
Una puerta secreta se encontró en 2005 que conduzcan a la sala subterránea. Supuestamente, muchos de los funcionarios gubernamentales locales acudían aquí cuando los rumores se salió con la esperanza de descubrir grandes tesoros que puedan ser almacenados en. Pero no se encontraron tesoros - sólo las tumbas.
Al-Mu 'tabiyya Mezquita fue construida por un Ashrafa en honor de su esposa 23 años después de la construcción de su mezquita. Ambas mezquitas fueron construidas con diseño similar, aunque el al-Mu'tabiyya está lleno de dibujos e inscripciones. No hay tumbas. La mezquita era reservado a las mujeres a rezar, pero finalmente decidió que los hombres no tenían suficiente espacio, y tomó para sí mismos.
Abd al-Hadi mezquita fue construida en 1618 en conmemoración de un santo sufí del mismo nombre que había muerto de un centenar de años antes. Hay un gran monumento a la tumba al-Hadi en el interior de la estructura.
Modhafer Mezquita es la más antigua mezquita en Taiz, y construido por el nombre del bisabuelo de al-Ashrafa. Cuenta con un minarete con dos grandes cúpulas blancas.
Ŷabal Saber en cimas de más de 3 m. .. los pueblos que salpican la ladera de la montaña son las más conocidas por sus mujeres, mano de bargainers que usan baltos y brillantes que son famosos por su belleza.


Yemen Tourism Promotion Board.
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