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Egyptian Tourist Authority
Qué lejano está el tiempo en que Hurgada no era sino un pequeño puerto de pescadores y un modesto astillero, ajeno al mundo e incluso a los propios egipcios. Lejano... pero no tanto, apenas algunos años. En diez años, se ha transformado en una ciudad de 35.000 habitantes y en la estación balnearia más apreciada del país. Su nivel de popularidad es altísimo entre los egipcios y entre los amantes del sol, del mar y del buceo de todo el mundo. Al menos un centenar de complejos turísticos, unos más y otros menos lujosos, se suceden durante veinte kilómetros a lo largo de la costa. El centro de la ciudad, conocido como el barrio de ed-Dahar, ha conservado un aire tradicional, con un pequeño zoco y algunos hoteles baratos.
Hay pocos arrecifes de coral accesibles a nado desde la costa, así que lo mejor es entonces regalarse una excursión de todo el día en alta mar. Hay muchos clubes que ofrecen este servicio. Uno de los destinos más solicitados son las islas Giftun. Estas se encuentran muy bien preservadas, puesto que los desagües y los desperdicios son recolectados por barcos especialmente equipados, y el acceso a las islas es limitado.

La gran ventaja del Mar Rojo es que se puede disfrutar de la belleza de sus fondos marinos con unas simples gafas, un par de palmas y un tubo. Aunque desde luego, el espectáculo es aun mas maravilloso con una botella y un cinturón de plomo...
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Sharm el-Sheikh Bay, Naama Bay y Shark Bay están a 6 km de distancia, pero el desarrollo del centro turístico es tal, que pronto formarán un solo asentamiento. Las largas playas de arena fina ya atraen a los visitantes y debido al rápido crecimiento de la pequeña cuidad, cada vez más turistas disfrutan de los encantos de este lugar.

Si le gusta dorarse al sol, aunque tenga cuidado con las exposiciones prolongadas (¡el sol aquí es terrible!), nadar en sus aguas extraordinariamente claras o alquilar tablas de windsurf, ideales para disfrutar de la brisa omnipresente. Sus fondos, muy cercanos a la costa, hacen pensar en un gigantesco acuario de coral donde viven, perfectamente indiferentes a los buzos, meros rojos de manchas azules, peces napoleón, peces loro, peces mariposa siempre en pareja, peces ángel de colores azul y amarillo, capitanes y peces león de largas y elegantes aletas.

Los hoteles de lujo con piscina han aflorado a lo largo de la costa. Ofrecen todas las comodidades exigidas por la clientela internacional, que acude tanto en verano como en invierno, así como diversas actividades deportivas y de entretenimiento. Instructores altamente cualificados podrán incluso ofrecer cursos de iniciación al buceo para aquellos aficionados que deseen cambiar el tubo por las botellas de oxígeno. Quienes ya practiquen este deporte podrán disfrutar de las magníficas fosas marinas y del buceo nocturno.

Tras la puesta del sol, los visitantes pueden optar entre visitar los comercios, abiertos hasta bastante tarde y con una surtida gama de los habituales recuerdos de viaje –aunque con menor variedad y más caros que los del valle del Nilo–, o acudir a las terrazas de los cafés que se suceden a lo largo de la calle principal, paralela a la playa. Quienes no estén agotados después de un día de sol y mar podrán bailar en las muchas discotecas de los hoteles.
El merecido éxito de la estación balnearia ha llevado a las líneas aéreas –y esto es una gran ventaja– a organizar no solo una conexión diaria con El Cairo, sino también vuelos chárter provenientes de Europa.
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Esta ciudad vendrá de perillas a los amantes de una naturaleza conservada. Las playas son gratuitas, y la barrera de coral está a unas pocas brazadas de la playa. Además, el lugar en sí es mucho más bello que al sur: al salir del agua, se puede contemplar el espectáculo de las montañas del Sinaí descendiendo hacia el mar. Casi tan hermoso como los peces de los fondos submarinos... Dahab, que en árabe significa «oro», está dividida entre el pueblo beduino de Assalah al norte y el centro administrativo y comercial al sur (la medina). Los pequeños hoteles, los cafés beduinos y el zoco se distribuyen alrededor de la bahía de Assalah, cerca del antiguo faro (Lighthouse), mientras que las grandes cadenas hoteleras están establecidas frente a una larga playa, dos kilómetros hacia el sur.
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Es uno de los oasis más grandes del sur, y un acceso privilegiado para dirigirse a Aqaba, en Jordania. La ciudad se divide en tres partes: el puerto, la zona turística y, hacia el norte, la ciudad beduina de Tarabin, que esconde en su palmeral las ruinas de una fortaleza mameluca.La ciudad, a primera vista, no presenta ningún interés: ¿de qué puede disfrutarse en este poblado beduino surgido de la arena, con sus casas bajas, sus calles desiertas y sus jardines famélicos?

El mar y las playas desiertas, por supuesto, a pocos pasos de allí. Y sus restaurantes de pescados, donde se puede degustar al aire libre –y por un precio insignificante– langostas recién pescadas... Esto sin contar el espectáculo siempre fabuloso de las montañas de Arabia Saudita, del otro lado del golfo. Siesta bajo las palmeras, buceo alrededor de los corales donde se divierten los peces y algunos (pequeños) tiburones, festines en el poblado... Entre Nuweiba y Taba se extiende una costa magnífica de calas vírgenes y de largas playas. A veces, la montaña parece retroceder frente al mar. Y en otros lugares, parte en busca de las olas, fusionando la dureza de la roca con la suavidad del mar color turquesa.
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Punto de encuentro entre África y Asia, la excepcional situación geográfica de Taba, en el extremo del golfo de Aqaba, frente a Arabia Saudita, hizo de ella una parada obligada en la ruta de las caravanas desde el siglo XIV. Fue la última parte del Sinaí devuelta a Egipto por Israel en 1989, convirtiéndose en un puesto fronterizo, y hoy en día continúa siendo el destino privilegiado de los israelíes y de turistas del mundo entero a partir de la puesta en marcha del aeropuerto internacional, a 45 km. de la ciudad.

Taba Heights
19 km. al sur de Taba.Estación balnearia en plena expansión, es codiciada por las grandes cadenas hoteleras internacionales debido a sus playas y sus excepcionales arrecifes de coral. Taba Heights es un impresionante complejo turístico abierto todo el año, idealmente situado en uno de los lugares más hermosos de la península egipcia del Sinaí.

Las actividades
Además de otras actividades tradicionales como el tenis o el golf, los hoteles ofrecen todo un abanico de deportes náuticos con el fin de hacer aprovechar al máximo las posibilidades que ofrece el Mar Rojo: windsurf, esquí náutico, vela, excursiones al mar, pesca o kayak en el mar. Desde luego, la riqueza de los fondos marinos hace indispensable llevar gafas de buceo. La poca profundidad a la que se encuentran los arrecifes y la ausencia de fosas permiten disfrutar a quienes buceen en apnea de la belleza de los corales. Los puntos fuertes de la región son la variedad de su vida animal o la posibilidad de observar especies endémicas, como el pez sapo, además del buen estado de conservación de los arrecifes.Numerosos clubes de buceo ofrecen cursos y salidas diarias. Los instructores llevan a los buzos a los lugares más aptos, donde haya total seguridad. Los trayectos duran un máximo de una hora y media, aunque frecuentemente mucho menos. Las zonas se caracterizan por su fondo arenoso salpicado de «patatas» de coral, y esconden un amplio abanico de vida acuática, desde hipocampos hasta delfines. Debido a la ausencia de corrientes y a la naturaleza de los arrecifes, constituyen lugares ideales para el aprendizaje, satisfaciendo plenamente los deseos de fotógrafos y buzos de todos los niveles. El Fiordo, con su topografía en forma de pozo, el Acuario y la variedad de sus especies, y Mersa el-Muqabila, donde si tiene suerte se topará con un águila de mar, cuentan entre los lugares más conocidos de la zona. Para quien no se encuentre cómodo en un barco, existen lugares muy bonitos, accesibles desde la costa, que abundan en la vida marina: el House Reef, o el Marina Bay, a dos minutos en todoterreno.

Los beduinos
Al exterior de los complejos hoteleros de Taba Heights están instalados muchos campamentos beduinos. El desierto del Sinaí pertenece a este pueblo, que perpetúa sus tradiciones nómadas seculares de ganadería y comercio. Casi 70.000 beduinos, repartidos en una treintena de tribus, viven en él como lo hacían hace miles de años: sin agua potable, sin electricidad, sin teléfono, sin televisión... y respetando a sus ancianos y a sus jefes de clan, que toman las decisiones importantes. Son musulmanes y hablan en árabe, con frecuencia en hebreo y a veces en un inglés aprendido de los turistas. Entre los uadis y las altas mesetas, los beduinos representan el alma de este desierto multicolor.
Isla del faraón (Geziret Faraum)
5 km. al sudeste de Taba. Acceso por barco, abierto todos los días de 8 a 17 h. Entrada de pago. A 250 metros de la costa flota una pequeña isla de granito rodeada de coral y coronada por la magnífica fortaleza de Saladino, construida por los cruzados en el siglo XII y restaurada recientemente por el Consejo de Antigüedades Egipcias. Esta isla, llamada Faraum, constituyó hacia finales del siglo XII un emplazamiento estratégico para el califa Saladino, que la transformó en base para sus soldados. Desde aquí, podía controlar el comercio de provisiones provenientes de Asia y extorsionar a los peregrinos que se dirigían a La Meca. Desde el calabozo, las costas de Arabia, Jordania e Israel se ofrecen a los ojos en una vista panorámica que corta el aliento.
El Cañón Coloreado
70 km. al suroeste de Taba.Es un magnífico paseo de dos horas a través de un dédalo de arenisca en tonos que van del malva, amarillo, ocre o rosa hasta el verde o el azul... Maravillados, deambulamos por el curso de ríos secos. Las formas ondulantes y la altura de las rocas, que llegan a los 50 metros, obligan de vez en cuando a realizar una pequeña escala. Los restos fósiles y la erosión de las rocas certifican el pasado submarino del cañón. Aquí, más que en cualquier otro lado, escuchamos el silencio de las piedras.
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Asuán: la puerta de Nubia
Asuán, en efecto, parece cerrar las puertas de Oriente para entreabrir las de África. El Nilo se arremolina y se vuelve más fluido. Serpentea entre las islas y las piedras negras que perturban su lenta majestad, y desafía a las enormes dunas de arena dorada de sepultarlo para siempre. Las falúas, con sus grandes velas triangulares, lo recorren perezosamente, de orilla en orilla y de isla en isla.Los viernes, una barcaza impetuosa trae sobre el río grupos de jóvenes alegres que ríen y cantan al ritmo de las percusiones y los tamboriles, mientras otros les responden desde la cornisa del Nilo. Al caer la noche, se animan los cafés a lo largo del río. Las noches en que hay partido de fútbol, cientos de hombres se eternizan frente a sus vasos de té, los ojos clavados en los viejos televisores. Ante la más pequeña acción de su equipo favorito, aplauden, gritan y discuten.

La ciudad, sobre la margen derecha del río, ya era en la Antigüedad el centro del comercio con Nubia. Ya no es posible encontrar en sus calles ni marfil ni maderas preciosas, pero la tercera ciudad de Egipto rebosa de olores y especias venidas directamente del sur. El zoco presenta los colores y los aromas de los mercados sudaneses. De la población nubia, reconocible por el color negro de su piel, se desprende una dignidad y una gracia indolente que constituyen el encanto de los sudaneses. Son de hecho, numerosos los que vinierno a instalarse en Asuán. Las mujeres llevan un largo y ligero velo muy colorido con el que se envuelven el cuerpo.

Nubia
Vivía del río, y ha desaparecido tras la domesticación del río. Nubia es la región al sur de Asuán que hoy en día está ahogada bajo las aguas del lago Nasser. Se extendía hasta Jartum, actual capital de Sudán. La demarcación entre Egipto al norte, y Nubia al sur, era la primera catarata, la catarata rocosa de Asuán.La región, como todas las que bordeaban el abastecedor río Nilo, vivía al ritmo de las crecidas y los depósitos de limo que permitían los cultivos. Desde hace años que algunos intentan descifrar su misterio. Restos que datan del quinto milenio antes de Cristo –huevos de avestruz, por ejemplo– certifican la existencia de viajes hacia el sur. Incluso desde la unificación del antiguo Egipto, éste extendió su dominación a la pequeña vecina meridional, explotando sobre todo su subsuelo repleto de oro. El nombre de «Nubia» viene de hecho de la palabra que, en egipcio antiguo, designaba al metal precioso. De esta provincia provienen también las pieles de leopardo, el incienso y las plantas aromáticas.En el Imperio Medio, durante el reinado de Mentuhotep II, fue conquistada la parte septentrional de la región. Pero en el sur reinan aún los soberanos de Kush. Desde su capital, Kerma, resisten como pueden a sus poderosos vecinos septentrionales. Serán finalmente vencidos y sometidos al Nuevo Imperio, antes de aprovecharse de la anarquía que reinaba en Tebas, de la que terminarán por adueñarse. Llegan incluso hasta Menfis, y el reino de los faraones negros dura hasta la invasión de los asirios venidos del norte. Los kushitas se repliegan hacia el sur, en Meroe, donde aún encontramos vestigios de su civilización.

El territorio nubio fue dividido una vez más, tiempo después, cuando los colonizadores crearon la frontera entre Egipto y Sudán en el siglo XIX. Pero por mucho tiempo, subsistió la nostalgia en el corazón y el alma de algunos egipcios.Con las sucesivas presas sobre el Nilo en Asuán, los habitantes debieron mayoritariamente abandonar sus aldeas, hoy en día bajo las aguas, por otras situadas más al norte (en la región de Kom Ombo, por ejemplo), donde intentaron conservar su identidad, cuanto menos a nivel arquitectónico.

Museo de Nubia
Los nubios encuentran aquí un reconocimiento oficial de su identidad, lo esencial de su historia, hoy ahogada bajo las aguas del lago Nasser, y de su civilización.Los dos arquitectos, un egipcio y un mexicano, consiguieron construir uno de los más bellos museos de Egipto. El edificio es agradable y espacioso, las salas de exposición se articulan perfectamente entre sí. En ellas se recorre la historia de la civilización nubia, desde la prehistoria hasta nuestros días, con algunas habitaciones salvadas de las aguas en el momento de la construcción de la gran presa.

Justo después de la entrada, un terminal interactivo, en árabe e inglés, permite visualizar el mapa del museo. A la derecha, una sala muy oscura está dedicada a las exposiciones temporales. En el sótano, una enorme maqueta permite situar geográficamente a Nubia. Detrás de ella, una estatua colosal de Ramsés II recibe al visitante, con su eterna sonrisa en los labios. Lo mejor es comenzar la visita por la izquierda. Pasará de la prehistoria (magníficos grabados de animales, artesanías, joyas, herramientas) a la Antigüedad.En el Antiguo Imperio, un Estado, el Estado de Kush, nace en la Alta Nubia. Será anexado por Egipto durante el reino de Tutmés I, y renacerá tras la caída del Nuevo Imperio. Durante un tiempo, la capital de Kush se establecerá en Meroe (hoy en Sudán). Las piezas expuestas muestran la prosperidad de este Estado. Más adelante, dos piezas evocan, la primera, la cristianización de Nubia, la segunda, su islamización. El rescate de los templos nubios por parte de la UNESCO es descrito gracias a unos enormes paneles muy pedagógicos. Por último, toda una parte del museo está dedicada a la civilización contemporánea, mediante la remodelación de casas, patios de escuelas, escenas de casamientos o trabajos agrícolas. Cabe señalar igualmente la belleza del museo al aire libre, en diferentes niveles. Allí han sido reconstruidos una gruta prehistórica y algunas tumbas islámicas.

Las falúas
Sus velas triangulares son parte integrante del paisaje del Nilo. ¿Piensa que sólo sirven para pasear? No se equivoque, ya que estos pesados veleros representan aún un medio de transporte habitual, tanto para los seres humanos o animales como para las mercancías. Algunas de estas barcas remontan el Nilo a lo largo de decenas, o incluso centenares de kilómetros, con una carga de piedras –como en los tiempos de los faraones– o de cemento.
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Los antiguos egipcios la llamaban simplemente «Niout», la ciudad. Homero le dio el nombre de «Ciudad de las cien puertas». Vivant Denon, que acompañaba a las tropas de Napoleón Bonaparte, escribió: «La ciudad era un espectro tan inconmensurable para nuestra imaginación que el ejército napoleónico, ante la vista de sus ruinas dispersas, se detuvo en seco. En un acto espontáneo, nos pusimos todos a aplaudir.»


Luxor, la Ciudad de los Vivos
En los tiempos de esplendor de Menfis, Tebas no era nada. Nada, salvo una pequeña aldea. Fue Mentuhotep (Imperio Medio, 2061-2010 a.C.), rey tebano y artífice de la unificación del Bajo y del Alto Egipto, quien hizo de Tebas la capital del Imperio. Tebas destronó así a la meridional Menfis, carcomida por las luchas intestinas. La nueva capital vivió su apogeo durante el Nuevo Imperio, dotándose de grandiosos monumentos. A partir del reinado de Tutmés III (1484-1450 a.C.), quien gobernara Tebas extendía su autoridad hasta las orillas del Éufrates al norte-este, al este hasta los confines de Libia, al oeste y al sur hasta Sudán.La margen derecha, donde se encuentra Luxor hoy en día, era la ciudad de los vivos, enteramente consagrada a Amón, oscura deidad local promovida al rango de dios principal en lugar de Ra. Los sacerdotes de Amón acumularon tal omnipotencia que no se les escapaba nada que tuviese relación con el poder. Amenofis IV (1372-1354 a.C.) lo comprobó en carne propia, cuando decidió abandonar a Amón y al panteón de los dioses por el culto monoteísta de Atón. Tras la muerte del faraón, y una vez destruida la ciudad de Tell el-Amarna dedicada al nuevo culto, los servidores de Amón se encargaron de restablecer el poder del dios… y por consiguiente el suyo.Más allá de sus conquistas y sus guerras contra los pueblos enemigos –hititas y libios, entre otros–, los sucesivos faraones, considerados como encarnaciones divinas y venerados como tales, intentaban asegurar su grandeza y posteridad. Para ello, se encargaron de ampliar y embellecer los dos templos erigidos a la gloria de Amón: el complejo de Karnak y el más modesto templo de Luxor… aunque siempre buscando, a veces con exceso de celo, hacer olvidar el prestigio de sus predecesores.


Luxor, capital egipcia del turismo
La decadencia de la civilización de los faraones y su posterior desaparición repercutieron gravemente sobre Luxor. Los monumentos, antes reservados a los altos dignatarios y a los sacerdotes que servían a los todopoderosos dioses, adorados y temidos, cobijan ahora pequeñas casas de ladrillo, comunes y corrientes. Porque sólo los altos y gruesos muros de los templos ofrecían una protección eficaz contra los bandidos de la época.En los primeros siglos de la era cristiana, los seguidores de la nueva fe construyeron sus iglesias en los recintos sagrados de los egipcios de la época faraónica, como los templos de Luxor y Karnak, donde aún son visibles las cruces grabadas sobre la piedra. Luxor no representó ningún interés para los ejércitos árabes venidos a difundir el Islam. Los líderes musulmanes fundan El Cairo, y la magnificencia de la civilización islámica se desarrolla cientos de kilómetros al norte de la antigua capital.


Cuando los europeos redescubren la civilización faraónica, cuyos primeros trofeos llegaron en las maletas de la expedición guerrera de Napoleón a finales del siglo XVIII, Luxor duerme aún. Los dibujos y las acuarelas de la época lo demuestran. Los templos están cubiertos de arena, los rebaños de animales domésticos se pasean entre las columnas de las cuales sólo sobresalen del suelo los capiteles. Pero la moda egipcia y el orientalismo se adueñan de Europa. La Descripción de Egipto, escrito por los letrados que acompañaban al ejército de Napoleón, es una clara muestra de ello. Las exposiciones de obras antiguas, de joyas, de momias, son muy frecuentes. Y a partir de mediados del siglo XIX, Luxor se afirma como destino turístico, aunque en aquella época, por supuesto, reservado a un puñado de visitantes adinerados.


Luxor posee un encanto indiscutible. Por todos lados, ya sea en los pasillos y jardines de los palacios, o sobre la fachada de un edificio del siglo XIX con balcones voladizos, flota un perfume caduco, el de la época de los colonos ingleses y de los monarcas egipcios, de las ricas damas inglesas, de los beys y los pachás. Al caer el sol, el templo de Luxor, muy cercano al más grande y turístico de los zocos, parece aislarse del mundo de los vivos. Sus columnas, sus estatuas colosales, sus bovedillas, recobran su calma, indiferentes a las carretas que pasan por allí. Mientras tanto, del otro lado del Nilo, el poblado de Gurna, sobre la falda de la montaña, se adormece dulcemente bajo unas estrellas más brillantes que nunca.


Ciudad en mutación
Desde hace casi medio siglo, las autoridades egipcias intentan reservar la orilla occidental de Luxor –y en particular la montaña de Gurna– exclusivamente para los turistas. Se trata, según afirman, de proteger los emplazamientos antiguos, principalmente las tumbas del Valle de los Nobles, y de ofrecer unas condiciones de vida digna a sus habitantes. Quienes habitan en el flanco de la montaña no tienen acceso al agua potable, ya que las canalizaciones podrían arruinar las tumbas. Es por ello que notará el incesante ir y venir de los burros, cargados con aljibes de buen tamaño, descendiendo la montaña y remontando con dificultad los escarpados caminos. Ha habido ya diversos intentos de reestructuración del lugar, uno de los cuales dio origen al «Nuevo Gurna», situado entre el Nilo y el viejo Gurna y diseñado por el arquitecto egipcio Hassan Fathy. Otra nueva aldea se encuentra al norte de la acrópolis tebana, al borde del desierto. Cada vez se repite el mismo escenario: las viviendas tradicionales son censadas y estudiadas, al igual que las condiciones de vida, las necesidades y las demandas de las familias. Se establecen los planos de una nueva aldea a cierta distancia del viejo Gurna… y un cierto número de familias se niega a mudarse. Porque las casas son demasiado pequeñas. O porque consideran que las compensaciones ofrecidas por la pérdida de su ubicación excepcional son insuficientes. Un nuevo proyecto de este tipo ha visto la luz en el 2006. Intenta evacuar a los habitantes del flanco de la montaña (Valle de los Nobles y cercanías del templo de Hatshepsut), pero también a quienes viven en la parte agrícola de la necrópolis tebana, por ejemplo en los caseríos de los alrededores del templo de Medinet Habu.
Luxor no deja de sorprendernos, da fe de ello el reciente descubrimiento espectacular, donde los colosos de Memnón, de una quincena de estatuas, especialmente de una estatua gigante (3,62 m de altura) de la esposa de Amenofis III, la reina Tiya,. Sin olvidar la momia de Tutankamon del Valle de los Reyes, la única momia egipcia conservada in situ, que ha sido expuesta en una vitrina de plexiglás, ofreciendo así a la mirada del público, por vez primera el rostro del Faraón niño.
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